NUESTROS VALORES

ANTECEDENTES

El Puchero nace en Villasur de Herreros, pero no surge de la nada. Desde hace casi una década, se desarrolla en nuestro pueblo un proyecto productivo centrado en la elaboración de pan ecológico, las leñas y la huerta de autoconsumo, impulsado por la cooperativa Trigaza, pero más conocido por el nombre de la panadería, La Artesa de Villasur.

A partir de esta experiencia, algunos de sus integrantes hemos decidido profundizar en la opción agrícola, que ya veníamos poniendo en práctica en varias parcelas de las que nos abastecíamos todo el año de productos básicos propios de nuestra comarca, utilizando técnicas de agricultura tradicional y ecológica.

El conocimiento paulatino adquirido, el cariño por la tierra, las posibilidades del lugar y la generosidad de l@s vecin@s que desinteresadamente ponen sus fincas a disposición de esta iniciativa son algunos de los ingredientes que nos dan energía para poner en marcha este nuevo ser.

Además, queremos y necesitamos generar economías que nos permitan sostenernos en el pueblo con los recursos básicos para vivir y continuar con la actividad, utilizando los recursos naturales disponibles con el máximo respeto y cuidado de los mismos.

A pesar del esfuerzo que requiere sacar estas iniciativas adelante, durante esta década no nos hemos dedicado solamente a trabajar, sino que hemos promovido la creación y la consolidación de redes y relaciones vecinales en la comarca, entorno a la defensa del territorio y la cultura agroecológica, algo de lo que nos sentimos especialmente satisfech@s.

Por eso, para la nueva andadura, es nuestra intención contar con la colaboración y la participación de más personas, abriéndonos sobre todo a quienes nos conocen más de cerca y han sido compañer@s en todo este tiempo. Queremos que éste sea, de alguna manera, Vuestro Puchero.

 NUESTROS VALORES

I.  Agroecología.

Es una de nuestra principales referencias a la hora de poner en práctica nuestras formas de vivir y producir. Este concepto nos ayuda a entender que las prácticas agrícolas se engloban en una realidad social cuya transformación es necesaria.

En un primer nivel, el ecosistema agrícola o agroecosistema es un complicado conjunto de relaciones entre todos sus componentes, en el cual interviene el ser humano como un elemento más con la intención de obtener un  sustento.

La agricultura química industrial desarrollada durante el último siglo rompe el equilibrio en el agroecosistema. Por un lado, genera nocividades que la naturaleza no puede absorber: Contaminación de aguas, pérdida de biodiversidad, empobrecimiento de los suelos, calentamiento climático, deforestación… Por otro lado, ha sido y es una de las principales causas del colapso de la sociedad rural en muchos lugares del planeta, interfiriendo en la coevolución de la sociedad campesina con su entorno.

La pérdida del conocimiento tradicional y de la biodiversidad agrícola son otras de las consecuencias más desastrosas de la aplicación del modelo agrícola-industrial. Todo ello para no conseguir alimentar adecuadamente a la población, debido unas veces a la baja calidad o la toxicidad de los alimentos y otras a la escasez que resulta para muchos millones de habitantes. La Agroecología ayuda a comprender y recuperar el equilibrio a nivel de agroecosistema, recurriendo fundamentalmente a recuperar la diversidad y la complejidad de las relaciones que le confiere estabilidad.

En un segundo nivel, el agroecosistema forma parte de una red social compleja con la que se relaciona y donde opera la transformación a nivel local: Acercamiento de producción y consumo, cooperación y conocimiento mutuo, búsqueda de intercambios justos y beneficiosos para todas, sostenimiento de la sociedad rural, contribución a la defensa del territorio frente al desarrollismo. Es aquí donde se experimenta la transformación por la generación de cercanía y la puesta en marcha de relaciones de colaboración.

En un tercer nivel, la práctica de la Agroecología contribuye a la transformación a escala global, contribuyendo con la pervivencia de las sociedades indígenas y campesinas, aumentando el autoabastecimieto de las poblaciones, reduciendo el impacto ecológico del modelo productivo, reduciendo también la dependencia de insumos como semillas seleccionadas y tecnología.

II.    Colaboración

Entendemos nuestra actividad en el marco de relaciones sociales de confianza y colaboración en distintos ámbitos: Por una parte, integrando producción y consumo para compartir responsabilidades y buscar un mayor compromiso mutuo. Por otra, con la búsqueda de relaciones de confianza con otr@s productor@s, con quienes compartir intereses y fórmulas cooperativas.

Por otra, no entendemos la actividad agraria desligada de la defensa del territorio y la justicia social, por lo que continuaremos con la participación activa en redes y movimientos en la lucha contra el desarrollismo y las agresiones que afectan a nuestros territorios, como la fractura hidráulica o la planificación de grandes infraestructuras.

Cobra especial importancia la puesta en marcha de fórmulas de solidaridad con otros grupos y colectivos rurales a nivel estatal, continental y global. Todo ello sin olvidar lo más importante, el compromiso con nuestro pueblo y los vecinos más cercanos. A este respecto, intentamos que nuestra actividad repercuta en la vecindad, por ejemplo, incorporando producciones de personas cercanas que, de esta manera, obtienen un recurso económico.

III.    Cultura campesina

Una de las dificultades más frecuentes a la hora de establecerse con un proyecto como el que nos ocupa, es la pérdida casi total de la cultura y los valores campesinos en la sociedad que nos rodea, lo cual genera cierta incomprensión hacia nuestras propuestas. La rentabilidad económica como referencia unidimensional, el debilitamiento de la relación del ser humano con la naturaleza, la concepción del pueblo como lugar para el ocio y el turismo casi con exclusividad, son algunos de los patrones culturales predominantes.

La reconstrucción y fortalecimiento de la cultura campesina en nuestra cercanía es uno de nuestros objetivos, imprescindible para sentirnos cómod@s y facilitar la instalación de iniciativas afines.

IV.     Soberanía alimentaria

Es el derecho de los pueblos a decidir cómo producir sus alimentos y a hacerlo con la calidad y cantidad suficientes, según sus pautas culturales. A esto se añade últimamente el deber de producir dichos alimentos y de ser soberano para que los demás también puedan serlo, incrementando los niveles de autosuficiencia en la alimentación, reduciendo a la vez la dependencia tecnológica y de insumos externos.

Este principio, compartido con muchos millones de personas de los cinco continentes, enriquece y proporciona solidez a propuestas como El Puchero. De esta manera, nos sentimos parte de un movimiento global que tiene enormes repercusiones y capacidad transformadora desde un ámbito concreto, la alimentación.

La conservación y el uso de nuestras semillas, la justicia en el uso y la tenencia de la tierra, la conservación del saber tradicional ligado al campo, la reducción de la dependencia energética, la reconstrucción de los ciclos productivos integrando agricultura y ganadería son algunas de las sendas que vamos recorriendo tras el objetivo común de la Soberanía Alimentaria.

 V.    Transformación social

Queremos sumar nuestro modesto esfuerzo a otros muchos que persiguen la transformación del actual sistema económico, basado en la depredación, la competencia y la autodestrucción.

A nuestro entender, este objetivo tiene mucho que ver con la reconstrucción de la sociedad campesina y la recuperación de los valores colectivos inherentes a ella. Esto pasa, en primer lugar por dignificar nuestra opción y fortalecer los lazos de solidaridad con otros colectivos campesinos que siguen siendo víctimas del acoso de las multinacionales y los grupos de poder, ávidos por controlar la mano de obra, la tierra fértil y los demás recursos naturales, que históricamente hemos gestionado nosotr@s, l@s campesin@s.

Por otro lado, tenemos que construir otro modelo de relación campo-ciudad, de comprensión y colaboración mutua, siendo conscientes de los graves desequilibrios y problemas que se dan en la urbe y que tienen mucho que ver con la concentración de poder y capital, procesos que también amenazan al mundo rural.

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2 comentarios en “NUESTROS VALORES”

  1. Que maravilla
    que haya gente valiente para comenzar y fortalecer estas experiencias y además con las cosas tan claras a nivel tanto técnico como social, olé!!

  2. hemos perdido nuestra identidad los que amamos la vida rural y estamos alejados por la estructura social de nuestras raices nos sentimos incompletos nos falta ese contacto con la vida que es las estaciones , el aire , el espacio , el silencio . la belleza natural que teniamos en nuestra infancia y adolescencia . cuando viviamos en el pueblo . nos queda esa nostalgia , como el que le falta un algo en su ser , estamos viviendo a la fuerza en una ciudad porque no tenemos otra forma y no podemos huir de ella , nos ha tragado

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